En el corazón de Veracruz, entre hileras de papayos, Tino Lagunes, un experimentado agricultor, enfrentó por años una batalla constante contra la araña roja (o araña de dos manchas). Las consecuencias eran evidentes: frutos dañados, menor calidad, clientes insatisfechos y un uso excesivo de químicos que elevaba los costos y afectaba la salud de los trabajadores y el consumidor final, sin ofrecer resultados duraderos. «Llegamos a un punto en que queríamos tirar la toalla», recuerda.
Tino Lagunes, productor de papayas del estado de Veracruz
La historia cambió cuando, junto al ingeniero Guillermo Campos —distribuidor de Koppert en la región—, Tino decidió implementar el control biológico en sus cultivos. A partir de entonces, su campo dejó de ser un terreno de lucha para convertirse en un ejemplo de resiliencia agrícola. «Tienes un ejército en cada hoja, hambrientos por comida», dice con humor al describir la acción de los ácaros benéficos.
El impacto fue inmediato: reducción de plagas, mayor tranquilidad en campo y una fruta con mejor presentación, sabor y vida útil. Pero el cambio no fue solo agronómico, también fue económico: «Haciendo cuentas, es más barato prevenir. Antes llegábamos a gastar hasta 60 mil pesos por hectárea en químicos… con los benéficos, no te los gastas», explica.
Más allá del ahorro, el control biológico le abrió nuevamente las puertas a los mercados más exigentes. Uno de sus clientes más estrictos en la central de abastos que antes había dejado de comprarle por problemas de calidad, volvió para adquirir casi toda la cosecha. «Con los enemigos naturales de Koppert, no había ni una mancha en la fruta. Me dijo que era la mejor papaya que tenía, ¡y eso que le mandan fruta de todo el país!», cuenta orgulloso.
El verdadero efecto de cambio al usar control biológico no estuvo solo en los resultados, también ocurrió en la manera de trabajar. Koppert no solo ofreció una solución confiable, ofreció acompañamiento. Guillermo Campos visitó el rancho con frecuencia, supervisó las liberaciones, observó las condiciones del cultivo y adaptó las dosis a la realidad específica del campo. Técnicos e ingenieros de Koppert también participaron, observando en sitio, escuchando a Tino y haciendo ajustes al programa de control biológico basados en lo que veían en campo abierto, una realidad bastante lejana al entorno controlado de un invernadero.
Hoy, Tino no duda: «¡no planto una sola papaya sin pensar en el control biológico». Su historia es un claro ejemplo de cómo la agricultura puede ser más rentable, sostenible y de calidad cuando se trabaja en asociación con la naturaleza, de la mano de aliados técnicos que se convierten en parte del equipo.
Si tú también enfrentas retos con plagas, calidad de fruta o altos costos por uso de químicos, es momento de dar el siguiente paso. El control biológico, bien implementado y con el acompañamiento adecuado, puede transformar tus cultivos como lo hizo con Tino.
Acércate a nuestro equipo técnico y descubre cómo iniciar un programa adaptado a tus necesidades. Porque producir más y mejor, en asociación con la naturaleza, sí es posible.